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LETRAS

algO

2 junio, 2009 0 Comentarios

Hay una morena de melena imposible, que se le quedaron miles de olas prendidas en los mechones que destila su pelo hermoso. Olas traídas de mares que lo rizan con cabriolas imposibles, bañado de salada agua espumada que busca la orilla irrefrenable. Encierra un mar incesante, libre y antojadizo, bravo o calmo, según se le antoje al alma que impulsa las mareas presididas por la Luna caprichosa. Así es tu pelo reflejo del alma que corona.

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Un oyente de Macarena

2 junio, 2009 0 Comentarios

Desde Madrid, un 3 de Mayo de la primavera de 2006

Usted me perdonará pero esto no va así, yo sigo fiel a cada cita mañanera con su despertar en las ondas y su sonrisa disfrazada de eficacia radiofónica, soportando con dignidad el sueño que pone en evidencia mi habilidad gutural para gritar con su irrupción en las ondas “ ¡¡ esa es mi Maca !!”, mientras usted me acompañaba en el inexcusable madrugón con el que amenizo mi despertar.

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Folie

2 junio, 2009 0 Comentarios

Llegó con números rojos en el haber de los sueños, cansado y sabiendo que este viaje no contaba con marcha atrás. Llegó buscando con la mirada los detalles, las señales que le marcaran el rumbo al horizonte más inmediato. La vida le había enseñado que en cada rincón hay encerrada una pesquisa, un detalle, una referencia necesaria que seguir, una pieza del puzle que se va formando con cada segundo de vida.

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Las curvas del Bosque.

2 mayo, 2009 0 Comentarios

A lomos de mi moto con el día por delante me fui, siguiendo un camino virado, acariciando cada curva, cada pliegue del camino, mientras el viento alocado nos avisaba a mi moto y a mí de su presencia sin cesar, desafiábamos su fuerza y él nuestra destreza, pero el bosque nos resguardaba de algunas de las ráfagas violentas del soplar del viento nos mandaba como hordas que amenazaban la estabilidad de nuestro andar. A la par el olor de los Pinos calentados por el sol se desplegaba orgulloso, impregnando el motorizado paseo con la resina y las piñas que perfumaban el paisaje. Una vez arriba, al final del camino, donde ya tocas el cielo, donde los pies no encuentran más por escalar, desmontas y cuando el corazón calma su latir y recobras el aliento, comienzas a observar lo que el viaje no te dejó ver.

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